Después de pasarme un año entero pensando qué quería ser y cómo podía conseguirlo, en 2025 me propuse intentar alcanzar mis objetivos de forma sostenible, eliminando la urgencia de mi vida.
Y, para lograrlo, mi plan pasaba no por pausar cosas, sino hacerlas de forma más pausada. Hoy, 365 días después, puedo afirmar sin lugar a dudas que FRACASÉ ESTREPITOSAMENTE.
Oh, como en 2024, acabé haciendo muchas cosas. Escribí otras 52 bonilistas, organizamos la décima edición de la TRG, consolidamos la compañía que he cofundado ya en su primer año, lanzamos un fondo de inversión y —aunque no estaba en nuestros planes— ante la pretensión de nuestros caseros de subirnos 500€ el alquiler, Candela y yo nos compramos nuestro primer piso, después de 15 años casados. La foto que encabeza este artículo la tomamos en la terraza el día que firmamos la hipoteca.
No soy tan majadero como para no valorar lo QUÉ he hecho, pero para alguien que sigue un framework basado en «Hábitos Atómicos» desde 2024, los logros son solo una constatación de CÓMO vivimos. De nuestros hábitos. Y deberíamos adoptar los que creamos que tendría el tipo de persona queremos ser. De dentro para fuera, de más a menos importante, identidad, hábitos y logros.

Y, en ese sentido, creo que hoy estoy más lejos de parecerme a la persona que quiero ser que hace un año.
IGUAL. Asistí a la boda de Edurne y Dani, viaje a Málaga para celebrar el 50º cumpleaños de Molpe DOS veces y he hecho de anfitrión en Galicia varias, pero no he dedicado —ni de lejos— el tiempo que quiero a la que gente que quiero. Especialmente a mis hijos.
MÁS LEJOS. Llego a 2026 gordo y en mucho peor estado de forma que en 2025. Que me diera un cólico nefrítico en mitad de la TRGx y que haya estado casi un mes sin hacer ejercicio no ha ayudado. La edad, tampoco, pero no son más que excusas. El único culpable he sido yo, por no seguir los hábitos que seguiría la persona que quiero ser. Punto. Tengo que dejar de combatir la ansiedad asaltando la nevera.
MÁS LEJOS. Porque, como se deduce de los dos puntos anteriores, no he controlado en absoluto los tiempos y prioridades en mi vida, sino que la he supeditado por completo a la consecución de los logros que antes he mencionado.Si alguno tenéis interés en saber cómo pude caer hasta ahí, pulsar en VER MÁS ...
Para llegar a convertirte en la persona que quieres ser, no debes marcarte metas puntuales sino seguir los hábitos que tendría esa persona. En 2025, los abandoné hasta tal punto que incluso dejé de documentar mi progreso. Ahí fue donde todo empezó a torcerse.
Por poneros un ejemplo, solo en Strava tengo registrados 130 entrenamientos y a eso habría que sumarle las 3 clases de crossfit a las que suelo asistir cada semana. Sin embargo, solo hice seguimiento del hábito de hacer ejercicio hasta la sesión número 103. En cualquier caso, os copio la lista tal y como ha quedado en el post del año pasado, para que podáis comprobar el abandono.
Si los objetivos son solo un mero indicador de que hemos adoptado los hábitos de la persona que queremos ser —o, al menos, que estamos en camino de hacerlo—, como es lógico, en 2025 hubo muchos que no alcancé.




Lo supedité todo a la consecución de mis dos objetivos principales. No me arrepiento ni me fustigo, porque al fin y al cabo estaba creando el medio de vida con el que espero dar de comer a mi familia después de más de un año sin tener ingresos regulares, pero eso no evita que me sienta frustrado.
Si incluimos la BOLA EXTRA que supuso comprar una casa, cerré un 2025 en el que hice un montón de cosas, pero me centré tanto en lo que estaba haciendo que no presté atención a lo más importante. Por eso, el próximo año mi prioridad será…
Si lo piensas bien, el círculo de hábitos atómicos se parece mucho al Golden Circle que implementan las organizaciones más exitosas. Primero definen por qué existen, después cómo van a cumplir su objetivo y, finalmente, qué hacen para conseguirlo. No al revés.

Sigo teniendo claro el tipo de persona que quiero ser, así que, mi principal propósito para 2026 es que lo mucho o poco que haga pivote siempre alrededor de ese por qué, en vez de volver a permitir que el día a día me aleje del mismo.
También sigo creyendo que la mejor forma de conseguirlo es con un sistema de hábitos que reflejen lo que queremos ser, no las metas que queremos alcanzar. Como no ha cambiado quién quiero ser, no me hace falta modificarlos sino seguirlos.
Como he podido comprobar en 2025, una parte fundamental de un sistema de hábitos es el seguimiento de los mismos. Y, una vez más, he decidido hacerlo de forma pública.
Para que un sistema como este sea sostenible en el tiempo, sigo creyendo que la mejor estrategia es eliminar la urgencia en la medida de lo posible, para poder centrarse en lo importante. Evitar las fechas de entrega y compromisos, excepto que sean estrictamente necesarios. Algo que se refleja en la deliberada simplificación de mis…
Finalmente, estos serían los objetivos «tradicionales» que todo el mundo espera en unos propósitos de año nuevo, que solo deben servir para confirmar que el sistema de hábitos está funcionando:
DIARIOS
SEMANALES (2% aprox. por semana)
MENSUALES (8,30% aprox. por mes)
Uso este post como un contrato que firmo conmigo mismo —con toda mi Comunidad como notario— y al que volver recurrentemente semana tras semana, pero también como recordatorio de lo que fue 2025, porque no hay ningún sistema de hábitos y objetivos que pueda recoger todas nuestras vivencias.
]]>Se supone que durante 2024 iba a disfrutar de un año sabático, pero en realidad el título con el que encabecé mis propósitos de año nuevo fue bastante premonitorio. Me resultó IMPOSIBLE dedicarme simplemente a disfrutar del tiempo libre sin tener claro qué iba a hacer con mi vida a partir de 2025.
Por eso, aunque me despedí de mis compañeros de Manfred y SNGULAR, corrí la media maratón de Coruña y la mucha maratón de Lisboa, jugué mi primer torneo de pádel, fui a la SCPNA y a TalentLand, descubrí la Ribeira Sacra con la familia, los arrastré hasta la isla de Ons —y, después, por todo el Adriático—, viví el ascenso del Leyma Coruña y me hice socio, escribí 52 Bonilistas y publiqué una nueva plantilla que opensourceé, organicé la novena TRG, lancé un side project y una iniciativa open source, funde una nueva compañía y hasta me dio tiempo a publicar un libro… mi mayor logro fue diseñar una especie de «framework vital» —usando el marco que propone «Hábitos Atómicos»— para los próximos 5 o 6 años. VER MÁS ...
En ese sentido, lo primero que hice fue algo tan naíf y al mismo tiempo pretencioso como definir quién quiero ser. Y, mirando atrás, hoy me siento más cerca (
), en progreso (
) o igual de lejos (
) de conseguirlo en cada faceta.

Y digo presente no bueno, porque quiero ser ese tipo de persona que no solo está ahí cuando se le necesita, sino que dedica a sus seres queridos el tiempo y atención necesarios para averiguar cómo pueden necesitarle antes de que se lo pidan.
Creo que sí he conseguido participar más en la vida de mi familia y amigos, pero sobre todo he aprendido a modular qué es eso de «Estar presente». Y no significa tener que hacer cosas con ellos constantemente sino estar disponible al 100%. Puedo estar haciendo otras cosas —sobre todo porque ellos quieran hacer cosas sin mi—, lo importante es que sepan que soy «interrumpible». Que NADA de lo que estoy haciendo durante el tiempo en el que estoy dedicado a mi familia es tan importante como para que no puedan interrumpirme para que hagamos algo, pedirme que les ayude o —simplemente— conversar conmigo.

Ese tipo de persona que está siempre pensando cómo mejorar la organización del baño para que sea más cómodo; o cómo refinar el proceso de convocatoria de reuniones para que sean más efectivas. Intentar mejorar todo lo que te rodea, como actitud vital.
He seguido escribiendo la Bonilista, domingo tras domingo, y organizado la TRG. He dado participado en todos los podcasts que me han llamado y participado en eventos como TalentLand (Málaga) o SCPNA (Pamplona). Pero, sobre todo, he intentado que mi aportación a la Comunidad sea consistente, escalable y me sobreviva, convirtiendo el desarrollo de la web de la TRGCON en TOP, un framework open source que seguiremos desarrollando en 2025.

Una persona que sigue una dieta sana y hace ejercicio de forma regular. Que cuida su cuerpo y su mente.
Sensación agridulce aquí, puesto que me cuide bastante hasta el último achuchón antes de la TRG. Después, abandoné mis buenos hábitos, me lesioné y las Navidades me pasaron por encima, para acabar el año con 5 kilos más que con los que lo empecé.
Sé que tengo que centrarme en lo positivo. En que he descubierto una rutina deportiva y una dieta que me gustan y me funcionan, pero aun tengo que dar un pasito más para convertirlo en un estilo de vida, no algo que abandono para «recompensar» esfuerzos.

Alguien al quien le parecen apasionantes todas las areas de conocimiento, desde saber cuál es el modelo económico de una granja de gallinas o cómo se entrena un modelo de inteligencia artificial.
Meh. Fracaso. Empecé muy bien el año, leyendo un montón de libros sobre economía y finanzas, además de buena literatura, pero en cuanto empecé a perfilar las distintas iniciativas de ese «framework vital» y a cerrar tareas de la TRG, dejé de nutrirme intelectualmente… y he acabado el año seco.

El tipo de persona que no se queda en la pura teoría o en la mera intención, sino que tiene la capacidad de impulsar y hacer realidad nuevas ideas e iniciativas.
Cierro el año con 6 proyectos en marcha: Pétalo, SUPERMONO, la Bonilista, TRGCON, TOP y el —a día de hoy— secreto «Proyecto Lubina». Otra cosa es que tenga algún sentido embarcarse en tantas cosas, pero nadie puede negar que impulso y ejecuto nuevas iniciativas.

Alguien que no se deja llevar sino que toma decisiones, sabiendo a dónde quiere ir y las opciones que tiene en cada momento, en vez de dejar que otros —o la pura inercia— las tomen por él.
A ver… he acabado el año con todo un «framework vital», así que, sin duda soy alguien que ha diseñado la vida que quiere y se ha decidido a implementarla, pero queda mucho área de mejora.
A alto nivel, tengo que aprender a iterar el detalle lo que quiero conseguir, a ir más allá de la primera visión. A bajo nivel, tengo que asegurarme de recoger y consultar toda la información relevante para mi, aunque luego delegue o automatice esa recogida y consulta.

El tipo de persona que se divierte y es divertido. Que disfruta de los placeres de la vida sin sentirse culpable. Desde una comida exquisita degustada en buena compañía a un buen jersey o un paseo por el bosque oliendo aun a lluvia recién caída.
Estoy en ello, de verdad, pero el ritmo que me impongo es demasiado alto para poder saborear al 100% las cosas que hago. No me importa invertir dinero en un buen viaje o una buena comida, pero pocas veces disfruto de esas experiencias sin el agobio de tener una fecha de entrega cercana o la preocupación por algo que tengo pendiente. La dirección es buena, pero tengo que aprender a bajar un par de marchas o el motor puede gripar; o, peor aún, puedo dejar atrás a la gente con la que quiero llegar al final del camino
El siguiente paso sería definir los hábitos que tendría esa persona que quieres ser. Yo empecé a registrar una lista de hábitos diarios, semanales y mensuales que recopilé en el post del año pasado, pero copio aquí para facilitar la lectura sin cambio de contexto:
DIARIOS
SEMANALES
MENSUALES
Los objetivos son solo un mero indicador de que somos la persona que queremos ser —o, al menos, estamos en camino de serlo—, pero precisamente por eso debemos registrarlos. Así quedó mi lista para 2024:
Conseguí firmar una buena «hoja de servicios»… antes de despeñarme físicamente en los últimos dos meses.
En definitiva, cerré en falso un 2024 en el que crecí mucho en lo personal y lo profesional, pero también me impuse un ritmo tan alto para convertirme lo antes posible en la persona que quiero ser, que se me hizo insostenible.
Si tienes claro qué quieres ser y —también— una primera versión del sistema de hábitos que te llevará a conseguirlo ¿qué propósito deberías tener en 2025 más allá de seguirlo e iterarlo? Analizando lo que me pasó el año pasado, yo he llegado a la conclusión de que no solo es importante hacía dónde vas, también el ritmo al que lo haces.
Por eso, mi principal propósito para 2025 es mantener un ritmo sostenible a lo largo del mismo. Con unos hábitos que no sean tan duros de seguir como para que me motive más regalarme un tiempo sin seguirlos que la persona en la que me convierten. Con una carga de trabajo que nunca sea tan elevada como para impedirme seguir esos hábitos.
He llegado a la conclusión de la mejor forma de conseguirlo es eliminando la urgencia de mi vida en la medida de lo posible, para centrarme en lo importante. Descargándome de todas las responsabilidades y obligaciones que sea necesario para no estar continuamente corriendo para cumplir fechas de entrega y compromisos.
Y creo que eso, más que por pausar cosas, pasa por hacerlas de forma más pausada. Empezando por simplificar cada aspecto de mi vida. Hasta la misma definición de qué persona quiero ser.
Creo que los 7 rasgos que definí en 2024 pueden condensarse en apenas 3, lo que ayuda a memorizarlos, repetirlos como un mantra y explicarlos a terceros:
Al contrario que el año pasado, empiezo este con un primer sistema de hábitos, un sistema diseñado para la persona que quiero ser y completamente adaptado a mis circunstancias. No creo que sea directamente transportable a ninguna otra persona del mundo, pero lo comparto por si puede inspirar a alguien a crear el suyo propio.
Una parte fundamental de un sistema de hábitos es el seguimiento de los mismos y, como el año pasado, usaré este post para llevar un registro público.
VER MÁS ...De nuevo, voy a intentar simplificar el seguimiento que hice el año pasado 1) eliminando o redefiniendo los que son difíciles de registrar; 2) usando HabitKit, una app muy sencilla que me permite llevar un registro sencillo desde el móvil; y 3) una calculadora predefinida para calcular porcentajes.
Finalmente, estos serían los objetivos «tradicionales» que todo el mundo espera en unos propósitos de año nuevo, que solo deben servir para confirmar que el sistema de hábitos está funcionando:




Todos los años recopilo los propósitos de año nuevo que encuentro en redes sociales por la misma razón por la que publicó los míos: por si podemos aprender o inspirarnos leyéndolos. Eso sí, cada año hay menos.
Parece que se ha impuesto la opinión de que no son más que un acto de exhibicionismo emocional, carente de valor excepto para el propio interesado. O puede que, simplemente, la gente cada vez escriba menos. No tengo ni idea.
Para mi, este post es un contrato que firmo conmigo mismo —con toda la Comunidad como notario— y al que vuelvo recurrentemente semana tras semana.
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, pero más vale tarde que nunca.
Quizás lo más relevante del primer trimestre «sabático» que me tomó en mi vida ha sido el descubrimiento de que… realmente, NO me estoy tomando un sabático.
Un sabático es afrontar una semana sin ningún compromiso ni fecha de entrega en la agenda, sin ninguna obligación a corto o medio plazo, con total libertad para hacer un montón de cosas que te apetezcan o no hacer absolutamente nada. Yo no estoy ahí.
Yo aun tengo que «arreglar cosas» en mi día a día y en mi vida antes de poder llegar a ese punto… y en ello estamos. Aceptarlo y asumirlo ha sido el mayor avance de este primer cuarto del año.
Este año, en vez de fijar objetivos he definido qué tipo de persona quiero ser y, a partir de ahí, he enumerado una serie de hitos que pueden ayudarme a comprobar si voy por el buen camino. Así es como siento que he progresado durante este trimestre para convertirme en esa mejor versión de mi mismo:
Para bien o mal, desde luego estoy mucho más presente en la vida de mi familia y amigos, otra cosa es que esté como debo estar. Lo importante no es pasar más tiempo con ellos sino pasar más tiempo de calidad. Estoy en ello.
Intento apoyar cada evento y reunión técnica que se hace en Coruña y hago muchas mas cosas en casa, pero aun no he hecho ninguna contribución decisiva ni en mi entorno personal ni en el profesional.
Hago deporte casi todos los días y corrí la media maratón de Coruña mucho mejor que el año pasado, pero aun no he recuperado del todo la disciplina y buenos hábitos con los que preparé la maratón de Atenas del año pasado.
Estoy consiguiendo leer al menos un libro por mes y aunque mis amigos me han dicho que se nota que estoy adquiriendo muchísimos conocimientos financieros, aun siento que tengo que progresar mucho para sentir que este año he adquirido nuevas habilidades y experiencias.
Le he dado vueltas a algunas de las ideas queme gustaría convertir en negocios, pero aun no he empezado a unir los distintos puntos.
Aún no siento que lleve las riendas de mi vida. La misma todavía se estructura a partir de «fechas de entrega» y «tareas pendientes».
Hasta que no solucione esas «tareas pendientes» no creo que tenga el espacio y tranquilidad necesarios para poder aprender a disfrutar de mi vida.En definitiva, cierro el trimestre con sensación de no haber sabido exprimirlo, aunque he hecho un montón de cosas. Estas son algunas de las mas relevantes:







Dani ganó una medalla de Judo






En lo que queda de año, espero arreglar cuanto antes esas tareas pendientes para poder centrarme en parecerme un poco más a la persona que quiero ser. Acabar el año con más
y menos
y
.
Estoy razonablemente contento. Lo que más me peocupaba era no dejarme arrastrar por el día a dís, sino que mis objetivos condicionaran el mismo. De cinco, cumplí tres y medio. No está mal.
Un límite autoimpuesto para poder cumplir el resto de mis objetivos. Lo logré, aunque fuera en el último momento… y tuviera que dejar mi trabajo para hacerlo 
Empezamos a programar mods de Minecraft, pero pronto se aburrió y yo no supe encontrar el tiempo o energía para hacérselo más atractivo. Acabamos el año haciendo una práctica en Scratch, pero aun está muy lejos de «saber programar».
Creo que la TRG23 fue un evento que todos pudimos disfrutar, en mayor o menor medida. Incluido el equipo de organización.
A pesar de la TRG, conseguí llegar a Grecia con el mejor estado de forma con el que jamás he afrontado una maratón. La acabé y disfruté.
asistí a eventos como la Datolada, el Nosday o la Atlanticaconf y participé en la Comunidad de Startup Galicia, pero en el computo global del año ni me acerqué a lo que tenía en mente.Pero más allá de los objetivos, mi principal aspiración era recuperar el control de mi vida y eso fue exactamente lo que hice: dar los pasos necesarios para lograrlo. Este fue mi progreso a lo largo del año:
Cuando definí los objetivos de 2023, tenía claro que estos solo eran un mero indicador de que estaba en el camino correcto, pero no el fin del mismo. Por eso también creé una serie de «hitos» intermedios y «hábitos» o tareas recurrentes que los complementaran.
La lectura de «Hábitos Atómicos» me proporcionó un framework mental para conectarlo todo, pero —sobre todo— un mantra para guiarme: define primero quién quieres ser, para después adoptar los hábitos que llevaría alguien así. Los objetivos solo sirven para medir tu progreso. Y eso es lo que quiero empezar a hacer en 2024: rediseñar mi vida para adoptar el sistema o conjunto de hábitos que me ayuden a convertirme en la persona que quiero ser.

Le he dado muchas vueltas a estos 7 rasgos para intentar condensarlos, pero no he sabido como hacerlo. Puede que para algunos resulten demasiado genéricos y para otros excesivamente detallados, pero si la base de unos buenos propósitos es saber quién quieres ser, esta es la mejor definición que he sabido construir y sé que no me sentiría completamente a gusto conmigo mismo si dejara alguno fuera (clicad en cada uno si queréis tener más detalles).
Y digo presente no bueno, porque quiero ser ese tipo de persona que no solo está ahí cuando se le necesita, sino que dedica a sus seres queridos el tiempo y atención necesarios para averiguar cómo pueden necesitarle antes de que se lo pidan.
Ese tipo de persona que está siempre pensando cómo mejorar la organización del baño para que sea más cómodo; o cómo refinar el proceso de convocatoria de reuniones para que sean más efectivas. Intentar mejorar todo lo que te rodea, como actitud vital.
Una persona que sigue una dieta sana y hace ejercicio de forma regular. Que cuida su cuerpo y su mente.
Alguien al quien le parecen apasionantes todas las areas de conocimiento, desde saber cuál es el modelo económico de una granja de gallinas o cómo se entrena un modelo de inteligencia artificial.
El tipo de persona que no se queda en la pura teoría o en la mera intención, sino que tiene la capacidad de impulsar y hacer realidad nuevas ideas e iniciativas.
Alguien que no se deja llevar sino que toma decisiones, sabiendo a dónde quiere ir y las opciones que tiene en cada momento, en vez de dejar que otros —o la pura inercia— las tomen por él.
El tipo de persona que se divierte y es divertido. Que disfruta de los placeres de la vida sin sentirse culpable. Desde una comida exquisita degustada en buena compañía a un buen jersey o un paseo por el bosque oliendo aun a lluvia recién caída.
Aún no lo he cerrado. De hecho, mi principal objetivo para 2024 es empezar a construir el sistema o conjunto de hábitos que me ayuden a convertirme en la persona que quiero ser, pero hay algunos que ya he probado y adoptado. Esta es solo la «versión 0.1» de las muchas que vendrán:
DIARIOS
SEMANALES
MENSUALES
Como ya hice en 2023, haré un control diario de habitos y un informe semanal que enviaré a un grupo de «buddies» o colegas que me ayuden a no desviarme del buen camino. Uso Passion Planner como base para documentar mi progreso.

Finalmente, estos serían los objetivos «tradicionales» que todo el mundo espera en unos propositos de año nuevo, siguiendo los criterios SMART:
No hay ningún hábito relacionado con mi rasgo como emprendedor ni ningún objetivo profesional, porque este año voy a darme el lujo de tomarme un año sabático o, al menos, intentarlo. En ese contexto, sería estúpido imponerse la obligación de producir algo en vez de centrarse en descansar y conocer cosas nuevas, pero no puedo evitar estar constantemente pensando en construir cosas que —si existieran— yo mismo consumiría. Las documento simplemente como guía o motivación, en ningún caso como compromiso.
Pero, fundamentalmente, este año mi principal objetivo es aprender a disfrutar de la vida. Por primera vez en MUCHO tiempo, no tengo muy claro que haré en los próximos 12 meses, pero cuando vuelva la vista atrás, espero que lo primero que venga a mi cabeza sea «carallo, fue divertido». A por ello.

Como ya es costumbre, iré recopilando aquí todos los propósitos de nuevo año o retrospectivas del viejo que me vayáis enviando o vaya encontrando.

En cuarto trimestre coseché todo lo que fui sembrando durante el resto del año. Conseguimos celebrar con éxito la TRG, logré terminar el maratón de Atenas con buenas sensaciones y senté las bases para reestructurar mi vida, siguiendo las decisiones que tomé en el anterior trimestre.
Es verdad que, embriagado por la sensación de «objetivos conseguidos» me dejé llevar y no llegó a fin de año siendo la mejor versión de mi mismo, pero teniendo muy claro que quiero recuperarla y la motivación necesaria para lograrlo.
También que afronto ese próximo cambio vital sin todos los deberes hechos, pero razonablemente satisfecho con los pasos dados, teniendo en cuenta que por factores externos que escapan a mi control, tuve que adelantarlo del 28 de febrero de 2024 al mismísimo 31 de diciembre.
Este es el estado final de los hitos que me marqué a principio de año, para comprobar si estaba siguiendo el camino correcto para convertirme en la persona que quiero ser:
He modificado por completo mi día a día y hecho una gigantesca apuesta personal para poder lograr este objetivo.
Llego a fin de año sintiéndome muy cercano a mi hija y completado con ella la práctica de programación en Scratch que le encargaron en el colegio, pero aun queda mucho camino por recorrer para considerar que «sabe programar».
A pesar de la TRG, conseguí llegar a Grecia con el mejor estado de forma con el que jamás he afrontado una maratón.
Creo que la TRG23 fue un buen evento, que todos pudimos disfrutar en mayor o menor medida. Incluido el equipo de organización.
Asistí a la reunión fundacional de la «Consellería de Producto» que promueve David Pombar y fui a un par de comidas/cenas, pero en el computo global del año ni me acerqué a este objetivo.En definitiva, trimestre en el que recogí los frutos de lo hecho a lo largo del año:







Pues implementar ese «cambio vital» que se fraguó en verano de este año. Basicamente, intentar rediseñar mi vida para que se más parecida a cómo yo quiero que sea.
]]>Como este año hemos publicado el postmortem tan pronto, aun no tenemos disponible el video del evento, pero a cambio disponéis de 875 fotos en el album del evento en Flickr (y una sorpresa, al final de este texto), para haceros una idea de como fue.












Al final de la TRG, como todos los años, presentamos el presupuesto de la conferencia. No está cerrado por completo porque algunas partidas relacionadas con el post-evento siguen abiertas —como, por ejemplo, nuestra donación a UNICEF—, pero las variaciones serán mínimas:



Después del susto del año pasado —cuando, a un mes del evento, perdíamos 30.000€— en esta edición el principal objetivo era asegurar la sostenibilidad del evento, ajustando el precio de unas entradas que no habían subido desde 2019 y, sobre todo, reduciendo gastos. Lo conseguimos a medias.
SHIT HAPPENS, por eso siempre insistimos en que incluso una conferencia técnica pro bono debe contar con un presupuesto en el que obtenga unos mínimos beneficios, al menos teoricamente, porque ese margen es lo que le permitirá lidiar con inconvenientes inesperados.
Y, por supuesto, SHIT HAPPENED. Por un incomprensible error en el sistema de reservas, cuando solo quedaban unas pocas semanas para el día del evento nos enteramos de que no disponíamos de las aulas para impartir los talleres, así que, tuvimos que improvisarlas en diferentes espacios de La Nave… haciéndonos cargo del coste de todos los elementos de las mismas: mobiliario, equipación audiovisual, montaje y desmontaje. También descubrimos demasiado tarde que las normas del recinto impedían enganchar más de un food truck a la red eléctrica, así que, nos vimos obligados a alquilar un generador eléctrico y pagar combustible para que estuviera funcionando 3 días seguidos (dentro de los mismos, había cámaras firgoríficas donde se guardaba la comida). No fue barato.
Aún así, el resultado a nivel financiero mejoró el del año pasado. Si no en terminos absolutos, si en algo que tenemos muy en cuenta a la hora de valorar la sostenibilidad del evento: el % del coste por asistente que se sufragó con el precio de las propias entradas fue mucho mayor.

Con todo, se debe juzgar la cuenta de resultados de la #trg23 teniendo en cuenta que vivimos un año muy complicado para los organizadores de conferencias técnicas, con un sector tecnológico aun asumiendo la corrección post-COVID y en la que los presupuestos para patrocinios se redujeron drasticamente.
No sabemos que escenario nos encontraremos en 2024, pero para continuar asegurando la viabilidad del evento, esto es lo que tenemos pensado para la próxima edición:
Un año más, parece que la #trg23 gustó a los asistentes. El feedback que nos dejaron en la encuesta de satisfacción así lo refleja:


Según los informes de Metricool, parece que el impacto generado para los sponsors tampoco estuvo mal: conseguimos de nuevo ser trending topic nacional en X durante varios dias. Algo inaudito para una conferencia del tamaño de la TRG.


Hay cosas que sabemos que tenemos que repetir sí o sí el año que viene:

Los contenidos y el ritmo de la TRG no se parecen a los de ninguna otra conferencia técnica. Eso no quiere decir que sea mejor o peor, sino DIFERENTE. Sabemos que hay gente que no lo comparte (ver «LO QUE PUDO SALIR MEJOR»), pero a la inmensa mayoría de los asistentes les gusta la mezcla de charlas de diferentes disciplinas, el track único, el turno de preguntas gestionado a lo late night show o incluso el ridículo show inicial, que sirve para dar un tono desenfadado al evento y —sobre todo— quitar presión a los ponentes.

Este año tuvimos ¡27 mecenas! 2 veces más que el año pasado. Sin ellos, la foto final del evento hubiera sido muy diferente.
Más allá de la contribución económica, los involucramos todo lo que pudimos en la toma de decisiones de la TRG y fue un acierto. Configuramos un canal de Telegram donde podíamos comunicarnos con ellos y ellos comunicarse entre sí. Su feedback fue imprescindible para que la conferencia fuera un éxito.
Social Bingo, juegos dirigidos, plataforma online, diferentes lanyards para expresar tu nivel de apertura a hablar con gente, acreditaciones diseñadas especificamente para interactuar, equipo de «anclas» para escalar la atención a los asistentes que estuvieran solos… este es un apartado que siempre es mejorable, pero en el que creemos que dimos un salto importante a nivel organizativo que asienta los cimientos de la propuesta que haremos el próximo año.
La apuesta que hicimos el año pasado salió bien. Un incremento de precio asumible, pero con un early bird mas corto que permitiera a todos los que compran entradas a título particular hacerlo a precio reducido, al mismo tiempo que también se da una oportunidad de asistir a aquellos que las compran usando los presupuestos de formación de sus empresas.
También la inclusión de múltiples posibilidades de complementar tu entrada con talleres, goodies, etc. para incrementar el precio medio de la misma, sin penalizar a aquellos que no pudieran permitírselo.

Un año más, un éxito. Tuvimos aun más actividades y asistencia que en la primera edición. Hay que venir para vivirla y entender el ambiente tan especial que se crea.

El pasado 30 de noviembre, «el core» de la organización —las 8 personas que trabajamos en la TRG más allá de los días en los que esta se celebra— nos reunimos para documentar las áreas de mejora que detectamos en el evento. Estas fueron las notas que tomó Yeray:



La mayoría de sensaciones del equipo coinciden con el sentir de la Comunidad.



En un año complicado para nosotros, en el que invertimos una gran cantidad de tiempo en explorar las posibilidades de llevar el evento a Galicia, después volvimos a planificar todo para volver a hacerlo en Madrid y tuvimos que luchar para cerrar cada patrocinio, afrontamos exigentes retos profesionales y —por si fuera poco— cambiamos el nombre al evento después de 7 ediciones, la principal conclusión es que esta TRGCON salió bien.
Pero no solo porque a la inmensa mayoría de asistentes les gustara, sino también porque fue una de las que mas disfrutamos todo el equipo de voluntarios y organizadores. Conseguimos recuperar en gran parte el espíritu original y sentar las bases de lo que queremos que sea en el futuro, antes de un 2024 que va a traer muchos, MUCHOS cambios a nivel personal y profesional. En la TRGCON, también.
Muchas gracias a todas y todos los ponentes, asistentes, patrocinadores, proveedores, mecenas y voluntarios que hicisteis posible la #trg23. Nos vemos en la #trg24 el próximo 15 de noviembre de 2024.
Como premio para los que habéis llegado hasta aquí, os dejo la primera charla del evento, la charla de Chema Alonso sobre los problemas de seguridad que plantean las herramientas de IA generativa como ChatGPT o Midjourney ¡espero que os guste!
El tercer trimestre fue una prolongación del sprint que fue el segundo y, probablemente, uno de los más trascendentales de mi vida. No ya por las cosas que hice sino por las repercusiones que tendrán en el futuro. Y es que, a diferencia que en el periodo anterior, lo importante se hizo un hueco entre lo urgente.
Por primera vez en mucho tiempo, me regalé el tiempo necesario para pensar no ya en lo que estaba haciendo sino en lo que quería hacer realmente y tomé decisiones que cambiarán mi vida por completo a partir de 2024 
Trabajé duro para ponerme al día con la TRG —desde hacer todo lo necesario para fabricar nuestras propias barritas energéticas a hacer una prueba presencial del nuevo catering o preparar la keynote— y di continuidad a mi compromiso con con la dieta y el ejercicio, con un detalle importante: la lectura y asimilación de «Hábitos Atómicos» me hizo ver que, más que marcarme un hito concreto, lo que debo hacer es modelar mi vida alrededor de lo que quiero ser.
Aunque me diera cuenta de que lo que eres te lleva a conseguir cosas, no al revés, estas son un buen punto de control para ver si estas adoptando esos hábitos que te definen:
/
A corto, mal. No solo por las exigencias del trabajo sino también las de ese inmenso side project que es la TRG, que marcaba un deadline inamovible y bien cercano: el 26 de octubre.
Esto sigue sin despegar. Es verdad que el verano no es la mejor época para encerrarse a programar, pero sobre todo es una cuestión del tiempo que uno y otro le queremos dedicar… y NOS queremos dedicar.
Seguí el plan de entreno de la maratón y la asistencia a Crossfit con total y absoluta disciplina, incluso en vacaciones. En Lisboa llegué a perderme por el Monsanto con tal de hacer los kilómetros que tenía marcados para ese día.
Le di un empuje definitivo al evento e hice todo lo que estaba en mi mano para que el evento no machacara al equipo de la organización, especialmente a Candela.
Fui al NOSday, a las charlas que sigue organizando Jaime y a la AtlanticaConf, pero sigo sintiendo que tengo mucho, MUCHO más con lo que contribuir a la Comunidad local.En general, mejor trimestre que el anterior. Con area de mejora, pero mejor. Y en el que —además de perseguir objetivos vitales— hice un MONTÓN de cosas chulas:









En lo que queda de año, espero recoger los frutos de todo lo que he plantado a lo largo del año y seguir dando pasos para estar más cerca de lo que quiero ser. Acabar con más
y menos
solo es una consecuencia, no un fin.
En el segundo trimestre hice un montón de cosas, con la lengua fuera para intentar compensar la falta de foco del primero. He acabado agotado 
Eso sí, no he abandonado la buena práctica de registrar todo lo que hago y cómo invierto el tiempo; y, además, parece que he recuperado la fuerza de voluntad para tomarme en serio la dieta y el ejercicio, después de un larguísimo parón desde el COVID. A partir de ahí, sensación de haberme centrado en lo urgente más que en lo importante: ayudar a mover la aguja en SNGULAR People y —en un insolito sprint, después de meses de retraso intentando montarlo en Galicia— hacer todo lo imprescindible para lanzar la venta de entradas de la TRG.
Pero más allá de las tareas a corto plazo, lo realmente importante son los objetivos a largo plazo que me fijé a principio de año y que he tenido mucho más presentes que en el trimestre anterior. Así es como siento que he progresado en cada una de las metas que me propuse:
Como comenté en el checkpoint anterior, la responsabilidad que supone ser CPO de SNGULAR hace que esto sea imposible de cumplir al 100%, pero he empezado a dar pasos para intentar que al menos se acerque lo máximo posible. Por ejemplo, marcar con una linea amarilla en la agenda de la semana, a la altura de las 15:00h, e intentar que bajo la misma caigan solo las reuniones imprescindibles.
Empezamos muy bien, pero poco a poco, nos fuimos desinflando. Quizás porque Irene tiene ya demasiadas actividades extraescolares, quizás porque a mí me pillaba cansado y no era el profesor más motivamente del mundo. Tengo que recuperarla para la causa.
He empezado a seguir una dieta más o menos estricta —basada en el puro sentido común— y a pesarme. Me apunté a Crossfit y no he dejado de ir con regularidad, además de empezar a seguir un plan —mejor o peor, pero al menos un plan— para intentar llegar en forma a la maratón de Atenas.
No ha sido un trimestre perfecto, porque no podía serlo con todo el retraso que acumulamos, pero no puedo dejar de celebrar todo lo conseguido este trimestre para intentar disfrutar la próxima edición.
Sigo intentando ir a todas las cosas que organiza Jaime, fui a la Datolada y di una charla en la Universidad de Coruña, pero sigo sintiendo que puedo aportar mucho más de lo que estoy dando ahora. En general, mejor trimestre que el anterior. Con area de mejora, pero mejor. Y en el que —más allá de perseguir objetivos vitales— hice un MONTÓN de cosas chulas:











En lo que queda de año, espero conseguir centrarme más en lo importante y menos urgente, para estar más cerca de lo que quiero ser. Nunca debe olvidar que ese es el verdadero objetivo. Acabar con más
y menos
solo es una consecuencia, no un fin.
Aquí tienes todos los datos, lecciones aprendidas e intrahistoria de nuestro pequeño-gran evento, por si te son de utilidad para montar el tuyo.
Al final de la Tarugo, como todos los años, presentamos el presupuesto provisional del evento. En este postmortem, ya disponemos del presupuesto consolidado:

¿Cómo es posible que la Tarugo con más ingresos de la Historia fuera la que PEOR margen bruto ha tenido nunca jamás? Bueno… no hay que tener un doctorado en Económicas para descubrirlo: los gastos subieron mucho más que los ingresos.

Tampoco hay que devanarse los sesos para averiguar por qué ingresos y gastos no crecieron de forma similar: congelamos el precio de la entrada desde 2018 mientras que los proveedores revisaban sus tarifas, año tras año, para ajustarlas a la inflación.
Pero más allá de la inflación, hubo partidas que subieron especialmente por los problemas de abastecimiento y el incremento de la factura energética que provocó la Guerra de Ucrania. Por ejemplo, el catering. En 2019 nos gastamos 85€+IVA por persona en comida. En 2023, esa factura subió a 105€, casi un 24% más… después de sudar para bajar un presupuesto inicial de 120€. Si no lo hubiéramos conseguido, habríamos tenido que poner dinero de nuestro propio bolsillo para cubrir los costes.
Después de 6 ediciones, cometimos un error de principiantes: lanzar precio de entradas y patrocinios sin presupuesto cerrado, asumiendo que el coste del catering y los servicios audiovisuales subirían como máximo un 10%. Estábamos equivocados y nuestro error estuvo a punto de meternos en serios problemas. A un mes del evento, perdíamos 30.000€.
Además de esa trabajada rebaja, el principal factor para arreglar las cuentas del evento fue el apoyo de los patrocinadores. Conseguimos cerrar algunos en las últimas semanas del evento que nos ayudaron a entrar en beneficios. Sin ellos, el precio de las 621 entradas vendidas tendría que haberse disparado hasta los 345€ solo para cubrir gastos.

En el postmortem de la edición de 2019 ya se entreveía la necesidad de subir el precio de la entrada y la Comunidad parecía entenderlo y aceptarlo, pero… luego llegó el COVID y, después, la incógnita de cómo se asumiría la vuelta a la presencialidad, así que, decidimos mantener el precio de las entradas. Esta estructura de ingresos y costes, no es sostenible en el tiempo.
El caso es que, ya no hay que irse a otros países para ver entradas a conferencias profesionales con precios más ajustados a lo que realmente cuestan. Por ejemplo, la entrada de la Product Conf costaba 249€ + IVA por un solo día de conferencia la entrada a Hired!Bcn —un evento para profesionales del mundo del recruiting— lo mismo.

Sin embargo, la Tarugo intenta hacer sostenible un evento de 3 jornadas con una entrada de 150€. Aumentar el precio de las entradas es una de las posibles soluciones, pero —también— contener presupuesto y gastar solo en lo imprescindible. Así se distribuyeron gastos e ingresos en la #Tarugo22:

Por eso, para intentar asegurar la sostenibilidad del evento, esto es lo que tenemos pensado a partir de esta edición:
Si algo tiene que quedar claro en este postmortem es que la #tarugo22 salió «bien» de cara al asistente. El feedback que nos pasaron así lo refleja:


Parece que, a nivel de patrocinadores, la cosa tampoco salió mal. Calcular el retorno de inversión del patrocinio de un evento es MUY complicado, más allá de los leads y CVs que reciban directamente, pero es EVIDENTE que genera un branding y un karma que devuelve valor con el tiempo. Preparamos un informe para cada patrocinador con todos los datos posibles para que pudieran medir el impacto del evento. Este, por ejemplo, es un fragmento del de SNGULAR:



Como organizadores, después de analizar el evento, también tenemos claro algunas cosas que deben repetirse sí o sí:
Aunque ya parezca algo muy lejano, el año pasado fue la edición en la que recuperamos la presencialidad después de dos ediciones completamente online, debido a las restricciones impuestas por el COVID. Esas dos ediciones marcaron para siempre el espíritu del evento y nos quedamos con lo mejor de las mismas: una escaleta más parecida a la de un programa de televisión que a la de una conferencia técnica tradicional.

Después de un montón de años dándole vueltas al concepto, creemos que por fin hemos dado con un formato en el que hubo actividades para todos, desde talleres de iniciación a la programación para los más peques hasta la TarugOff, el open space de la Tarugoconf.

Ante el riesgo de lluvia, tuvimos que trasladar toda la fiesta al interior de La Nave. Una decisión que acabó siendo un acierto, al permitir a los asistentes y a los patrocinadores que estaban en los stands interactuar durante mucho más tiempo. Además, la apuesta por Los Inspectores —la banda de la Tarugo— para amenizar la fiesta, en vez de a OBK u otro grupo famoso, salió bien. Lo dieron todo y se ganaron al público.

Hubo más voluntarios que en cualquier otra edición y se coordinaron para hacer todas las tareas —desde el montaje de welcome packs al proceso de acreditación— de forma impecable. Se crearon varios equipos autoorganizados para encargarse de las distintas áreas. Había uno para el auditorio, otro en talleres y otro solo para la recepción de asistentes.

Propusimos a los patrocinadores distintas ideas y dinámicas para aportar valor a los asistentes como mejor medio para llevarlos a sus stands y, la verdad, todos supieron adaptarse y hacer suyo el espíritu del evento.
Estaban siempre llenos de gente y el feedback que recibimos de los sponsors fue que el nivel de interacción fue mucho más alto que el habitual, así que, parece que los stands al estilo Tarugo tienen sentido.


Ver a Joaquín Reyes caracterizado como Steve Jobs fue el momento estelar del evento. Quiero pensar que conseguimos sorprender por completo a los asistentes. Tanto, que algunos creían que era alguien imitando a Joaquín Reyes imitando a Steve Jobs 
PS: Kudos a Walter, que fue quien tuvo la idea de hacer esto, hace ya muchos años.
Por supuesto, también detectamos áreas de mejora. Los asistentes y —aún más— nosotros, los organizadores:

Los talleres que organizamos el jueves por la mañana coincidieron con los ensayos de la banda de música y, los que estaban más pegados al auditorio, tuvieron un montón de ruido.
En la próxima edición, organizaremos talleres solo por la tarde, con un horario que permita a la gente que asista a los mismos acudir a las actividades de networking posteriores.

La #Tarugo22 fue un evento híbrido, con todas las dificultades que eso implica. Hicimos una inversión considerable en realizar el evento para que la señal de streaming fuera de altísima calidad, pero la interacción con la gente que estaba en casa fue muy limitada.
Si este año volvemos a sacar entradas online, tenemos que tener muy claro cómo conseguir integrar a todos los asistentes, estén en La Nave o en Nueva York.

«Con los datos que dais sobre el gasto de comidas y demás, creo que no merece la pena el rollo bio, orgánico, etc…no creo que compense. No digo de poner san jacobos y patatas fritas, pero quizás se puede ahorrar un pico poniendo comida buena, pero sin etiquetas. Sé que esto es opinión personal y puede que haya gente que valore mucho este tema, pero en calidad/precio y siendo el mayor gasto de la conferencia, no creo que compense.»
El catering tuvo la calidad de siempre, pero puede que también un enfoque erróneo. El asistente a una Tarugo espera comer BIEN, pero quizás no necesita tener mejillones de la ría de Aldán. A lo mejor una buena tortilla de patatas le hace la misma ilusión o más.
Este año tenemos la intención de diseñar el catering que queremos e intentar que los distintos proveedores se amolden al mismo, no al revés. Veremos si lo conseguimos.

Me empeñé en tener un Jenga, pero con piezas azules y amarillas para poder meter aleatoriedad en el juego mediante apps que desarrolló Jorge Barroso, una ida de pinza que supuso una ingente inversión de tiempo y dinero. La gorra de Bonidente tampoco salió barata.
¿Merecía la pena pedir muestras a distintas fábricas hasta dar con la madera adecuada? ¿Realmente la gente lo apreció? Muy probablemente podríamos haber invertido nuestros recursos en otras cosas que el asistente hubiera valorado mucho más.
En la próxima edición, haremos goodies de calidad, pero también con sentido común, sin olvidar que son solo un accesorio, no el centro sobre el que gira el evento.

Tanta pasta y esfuerzo invertidos en el resto de los goodies y fallamos en lo más básico: un porcentaje importante de las camisetas se destiñeron al primer lavado. Al parecer, el nuevo proveedor que seleccionamos no las secó correctamente y la tinta no se fijó. Mandamos un correo a todos los asistentes ofreciendo la reposición de las camisetas afectadas, pero muy pocos nos contestaron. Seguro que más de uno tiene su camiseta desteñida. Yo la tengo así.
Este año volveremos a trabajar con nuestros proveedores habituales de camisetas y, si es posible, las fabricaremos en diferentes lotes para asegurar la calidad de las mismas.

Pedimos a la gente que enviara por adelantado los temas sobre lo que quería hablar, cuando en un open space esas propuestas se improvisan y definen en el momento. Lo realmente importante, es la gente que acude y con la que debatirás esos temas.
En esta edición, registraremos quién tiene intención de ir en vez de los temas sobre los que quiere hablar, para que los que estén interesados sepan con quién se van a encontrar si acuden el sábado.

La verdad, no esperábamos que los patrocinadores respondieran de forma tan masiva a nuestra sugerencia de crear stands que fueran verdaderas atracciones para los asistentes y… casi morimos de éxito. Nuestra falta de experiencia nos llevó a no tener ninguna norma sobre cómo atender los stands, empezando por acotar el número máximo de personas. Un tema nada trivial teniendo en cuenta que pagábamos 105€ por el catering de cada persona que acudiera a La Nave, hubiera pagado entrada o no. ¿Qué se supone que íbamos a hacer? ¿dejarlos sin comer? ¿cobrarles el precio de comida?
En la próxima edición, definiremos normas sobre la gestión del stand y lanzaremos «entradas de stand» para los patrocinadores que quieran traer 5 o 50 personas al mismo.

Joaquín Reyes bajó su caché para la Tarugo, pero traerle —además, caracterizado como Steve Jobs— no fue barato. Por ejemplo, también tuvimos que contratar a su maquillador habitual.
Quedará como una de las mejores anécdotas de la historia del evento, pero ¿realmente el coste mereció la pena? ¿se nos ha olvidado que lo realmente importante en una Tarugo es un buen networking, buen contenido y buena comida?

Si echo la mirada atrás, es verdad que la dificultad de trasladar al precio de las entradas el coste real de un evento tensiona mucho a los organizadores del mismo, pero —también— que la principal carga de la pasada #tarugo22 fui yo.
¿Era necesario fabricar un juego de mesa a medida? ¿La gente se lo hubiera pasado peor si no hubiera ido Joaquín Reyes? ¿Realmente me empeñé en hacers todas esas cosas para la Comunidad o siemplemente para demostrar que podíamos hacerlo? ¿Hasta dónde puede escalar esto? Por eso, en la próxima edición, la máxima es recuperar el espíritu del evento. Recordar por qué y para quién hacemos todo esto.
Como organización, hay un mantra que ahora repetimos siempre que surge alguna duda sobre qué camino tomar —«Cero ego, mucho pulpo»— para recordarnos que la receta de un gran evento es muy sencilla: buenos contenidos, buen networking y buena comida, el resto son solo condimentos. No haremos nada que nos pueda alejar de aportar al asistente el mayor valor posible en esos tres apartados. No sabemos si reduciremos el gasto, pero intentaremos que al menos no se dispare por caralladas.
En ese sentido, en la #tarugo22 experimentamos por primera vez como el nombre del evento nos dificultaba aportar valor a los asistentes. Patrocinios —recordemos, imprescindibles con la actual estructura de precios— más complicados de cerrar y potenciales ponentes, tan importantes como para tener Responsables de Comunicación, que se preocupan porque se asocie su imagen a un evento llamado Tarugoconf.
Cuando preguntamos a la Comunidad sobre este asunto, la mayoría siempre apuesta por mantener el nombre de Tarugoconf, cueste lo que cueste, pero ¿no hay mayor muestra de falta de ego que estar dispuestos a cambiar el nombre si con ello beneficiamos al que paga su entrada? Al fin y al cabo, el principal motivo por el que hacemos todo este esfuerzo. Por eso, la próxima Tarugoconf se denominará oficialmente TRGCON (por tecnología, relaciones y gastronomía) y se centrará en apuntalar esos tres pilares.
Muchas gracias a todas y todos los ponentes, asistentes, patrocinadores, proveedores, mecenas y voluntarios que hicisteis posible la #tarugo22. Nos vemos en la #trg23 el próximo 27 de octubre de 2023.

A nivel de sensaciones, el primer trimestre me deja una sensación agridulce. De trabajo a medio hacer. Sí, hice un montón de cosas, quizás demasiadas. No puedo evitar sentir que trabajé en demasiados objetivos en paralelo y sin una priorización ni estrategia clara.
Pero no voy a fustigarme. Primero, porque mi nombramiento como Chief People Officer de SNGULAR fue un huracán inesperado que puso patas arriba toda mi planificación antes incluso de empezar a ejecutarla. Segundo, porque venía de un 2022 en el que el día a día en el trabajo me había absorbido por completo y ni siquiera documentaba lo que hacía semana tras semana. En este primer trimestre de 2023, al menos ya he recuperado la buena práctica de registrar todo lo que hago y en qué invierto el tiempo, semana tras semana.

El problema es que esas actividades no siempre han estado perfectamente dirigidas a alcanzar los objetivos profesionales y personales que me había marcado, sino simplemente a superar los retos que iban apareciendo en el día a día. Así es como siento que he avanzado en cada una de las cosas que me propuse:
Este objetivo saltó por los aires nada más empezar el año. Lo único que me consuela es que no fue por dejadez o falta de compromiso sino por intentar compaginar la dirección de Manfred y las responsabilidades como CPO en SNGULAR. Tras un primer trimestre de ajuste y al que nos hemos enfrentado a enormes retos organizativos, tengo que priorizar mis tareas para racionalizar mis horarios.
Hemos dado los primeros pasos, Irene ha empezado a desarrollar sus primeros mods para Minecraft con Code Kingdoms, pero necesito dar continuidad y regularidad a nuestras sesiones.
He acabado dos medias maratones, pero el verdadero reto empieza ahora. Debo comprometerme a seguir una dieta y un entrenamiento estrictos. Lo mejor durante todo este tiempo, constatar el apoyo de amigos y familia para poder conseguirlo.
Vamos retrasados, una vez más, pero tampoco ha sido por dejadez o falta de compromiso, sino por serias dudas sobre dónde establecer la sede de la Tarugo para los próximos años. Este trimestre ha servido al menos para tener claro qué necesitamos para diseñar una edición que se convierta en un marco de trabajo que evite que la organización de la Tarugo sea una pesada carga, año tras año.
He hecho algunos esfuerzos por ser más activo en la Comunidad local: intentar ir siempre a las cosas que organiza Jaime, apoyar a las conferencias técnicas que se organizan aquí… pero siento que debo aportar mucho más de lo que estoy dando ahora. Fundamentalmente, por total y absoluta falta de tiempo. Y, a pesar de todo, no ha sido un mal trimestre ni mucho menos. He hecho un montón de cosas. Estas son algunas de las mas relevantes:









En lo que queda de año, espero aprender a ser más estratégico para acabar con más
en mi seguimiento de los objetivos del año y menos
y
. Empezando por planificar los meses por adelantado, para encajar las tareas necesarias para avanzar en lo que me he propuesto:
